Consejos para practicar la meditación ecológica

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1. Concentra toda tu atención de un modo ecológico

La atención es un recurso raro que es bueno no desperdiciar y administrar en la vida cotidiana. Es incluso la clave para cuidar tu mente. Meditar regularmente te hace consciente de los contaminantes psíquicos que constantemente dispersan y fragmentan tu atención. Toma en cuenta tu tendencia a agotar tu atención focalizándola en exceso (por ejemplo, realizando tareas múltiples o frente a pantallas en general). Date cuenta de que ese tiempo y esa atención son muy valiosos y necesarios para intercambios familiares y profesionales, el descanso, el sueño… Para vivir plenamente tu vida estando realmente presente.

2. Actúa sin esperar la crisis

La historia de la ecología está marcada por la conciencia de las crisis. Pero, ¿por qué esperar eventos violentos o crisis para cambiar la sociedad, las leyes o el comportamiento? No esperes las sacudidas de la vida para preparar tu mente y cambiar ciertos comportamientos de manera sostenible. Meditar es una forma de vida: sólo contempla y acepta algunos de tus comportamientos, actitudes o patrones mentales. Pistas para cambiarlos permanentemente podrían surgir de tu calma interior. Para eso, trata de ser receptivo a nuevas ideas y a tus necesidades profundas.

3. Se más respetuoso de tus necesidades y equilibrios biológicos

Comer conscientemente nos lleva a la reconciliación con el hambre, pero también a elegir con más discernimiento la comida y la cantidad que ingerimos. Trata de tomar tus comidas con plena conciencia. Se trata de comer y hacer exactamente eso, sin hablar, mirar tu teléfono celular o la televisión. Siente el sabor de cada comida, mastica silenciosamente, escucha tu cuerpo mientras la comida desciende hacia tu estómago.

4. Respeta tu cuerpo como la naturaleza

Meditar conduce a estar atento a las sensaciones corporales de uno, a cultivar la armonía entre el cuerpo y la mente. Imagina que tu cuerpo es como la naturaleza a tu alrededor; él te da la bienvenida en este momento, agradece por eso. Conéctate con tu cuerpo prestando atención regularmente a tus sensaciones corporales. Descubrirás la riqueza de los vínculos entre el cuerpo y el espíritu.

5. Restaura el contacto con tu entorno

Meditar cambia tu relación con el mundo al hacerte más consciente de lo que está sucediendo en ti mismo, en tu entorno y de los lazos que te unen al mundo. Trata de meditar afuera, mientras caminas en la naturaleza, sentado en un prado, y abierto a la posibilidad de ser sensible a los sonidos que te rodean, los perfumes, las caricias del viento sobre tu piel. Déjate abrumar por un sentimiento de comunión, de fusión, con el mundo exterior, con la naturaleza. Abandónate a la sensación de ser parte de la naturaleza que te rodea.

Contempla tus sentimientos y observa lo que sucede a tu alrededor. Observa cómo observas, respeta, trata de cohabitar con el momento presente, sin querer modificarlo, controlarlo o poseerlo: ¡es un gran recordatorio del comportamiento que debes adoptar con la naturaleza!

6. Tomar conciencia de las interdependencias

¿Crees que eres completamente autónomo, que estás aislado, separado de otros humanos o alejado de la naturaleza? La naturaleza no es sólo una despensa o un suministro de energía, tus amigos no están ahí para distraerte… Dependes y perteneces a tu entorno. La armonía en tus relaciones con este entorno tiene un papel importante en tu realización, tus frustraciones e incluso tu felicidad o sufrimiento. Todo es interdependiente en la naturaleza y en la ecología como una abeja que se acerca a la flor de tu ser para polinizarla, sin proponérselo, hurgando en tu interior y descubriendo tus secretos. Intenta, a través de la meditación de reconocer tu dependencia y tu pertenencia a un ecosistema natural, social o relacional. ¡Cultiva el altruismo, el intercambio, la apertura a los demás a través de la práctica regular de la meditación ya que es una gran manera de ser ecológico en este contexto!

7. Calcula “la huella de agradecimiento” que deja cada pequeña felicidad en tu vida cotidiana.

Así como ahora se mide la “huella de carbono” de lo que consumimos, ¿por qué no intentas identificar a aquellos que te permitieron vivir un buen momento y agradecerles mentalmente? una buena comida por ejemplo, al darte cuenta del papel de todos los que han permitido ese momento, desde el agricultor, los empleados de la tienda, los cocineros, aquellos con quienes la compartes… ¡Identifícalos y toma un momento para agradecer a todos los actores de la cadena! Envíales un poco de gratitud. No importa si es un circuito corto o largo, sé generoso con el agradecimiento.

8. Reconoce algunas de tus tendencias materialistas. En ocasiones compras, consumes, gastas… sin necesidad. Tú puedes, al meditar regularmente, comenzar a adoptar comportamientos más sostenibles desde el punto de vista ambiental mientras preservas o incluso desarrollas tu bienestar personal. En tu vida diaria, trata de observar y regular ciertos impulsos materialistas, particularmente centrados en la compra o posesión. Luego intenta cultivar algunas formas alternativas de satisfacción como el disfrute y asombro de cada momento, la gratitud, la  benevolencia, o el altruismo para reemplazar sutilmente el deseo de más y más. Intenta comprender mejor cuál es tu fuente de equilibrio, lo que te hace verdaderamente feliz, lo bueno para tu cuerpo y tu mente; entonces podrás beneficiarte más con lo que ya tienes y desarrollar comportamientos sociales, nutricionales o físicos más beneficiosos para ti y tu entorno.

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