Gastar tu Dinero en Experiencias

Felicidad-07

La mayoría de la gente busca la felicidad. Hay economistas que piensan que la felicidad es el mejor indicador de la salud de una sociedad. Sabemos que el dinero puede hacer más feliz a muchas personas, aunque después de que se cumplan sus necesidades básicas, no las hace mucho más felices. Pero lo más importantes es cómo utilizamos ese dinero, que es para muchos, un recurso limitado.

Hay una suposición muy lógica que hacemos cuando gastamos nuestro dinero: como un objeto físico dura mucho tiempo, nos hará felices durante un período más largo que una experiencia de una sola vez, como un concierto o un viaje. Sin embargo y de acuerdo con investigaciones recientes, resulta que esa suposición es completamente errónea.

El Dr. Thomas Gilovich, profesor de psicología en la Universidad de Cornell, ha estado estudiando la relación entre el dinero y la felicidad durante más de dos décadas.

“Uno de los enemigos de la felicidad es la adaptación. Compramos cosas para hacernos felices, y tenemos éxito. Pero sólo por un tiempo. Las cosas nuevas son interesantes para nosotros al principio, pero luego nos adaptamos a ellos”, explica Gilovich.

Así que en lugar de comprar el último iPhone o un nuevo BMW, Gilovich sugiere que obtendremos más felicidad gastando dinero en experiencias como ir a exposiciones de arte, hacer actividades al aire libre, aprender una nueva habilidad, o irnos de viaje.

Gilovich encontró que el dinero compra la felicidad, pero sólo hasta cierto punto. Como parte de los estudios, se midió cómo la adaptación afecta la felicidad: los participantes informaban su felicidad con la compra de cosas materiales importante y las compras experienciales. Inicialmente, su felicidad con esas compras se ubicó sobre el mismo nivel. Pero con el tiempo, la satisfacción de la gente con las cosas que compraron bajó, mientras que su satisfacción con las experiencias que pasaron subió.

“Te puede gustar realmente tus cosas materiales, incluso puedes pensar que parte de tu identidad está conectada a esas cosas, pero no obstante se mantendrán separadas de ti. Por el contrario, tus experiencias son en realidad parte de ti. Las experiencias son una parte más grande de nosotros mismos que nuestros bienes materiales. Somos la suma total de nuestras experiencias”, dice Gilovich.

Otra razón es que las experiencias compartidas nos conectan más a otras personas que el consumo de cosas. Es mucho más probable sentirse conectado con quien se compartió unas vacaciones que con alguien que también haya comprado un TV HD.

“Consumimos experiencias directamente con otras personas. Y después de que se hayan ido, son parte de las historias que nos contamos unos a otros”, dice Gilovich.

La tendencia de “ver qué hacen los vecinos” tiende a ser más pronunciada para los bienes materiales que para las compras experienciales.

“Sin duda, a algunos nos puede molestar, estando de vacaciones, las personas que se alojan en un hotel mejor o primera clase de vuelo. Pero estas situaciones no producen tanta envidia como cuando nos vemos superados en bienes materiales”, concluye Gilovich.

Si la sociedad reflexionara sobre esto y modificara su comportamiento, debiera significar no sólo un cambio en cómo las personas gastan sus ingresos, sino también acentuar beneficio que tienen las políticas de los empleadores con las vacaciones pagas y los gobiernos con la revalorización de los espacios y actividades recreativos.

Y tu, ¿cómo quieres pasar el resto de tu vida buscando la felicidad?

 

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