La agenda sustentable de las universidades

 

Graduates in Cap and Gown --- Image by © Royalty-Free/Corbis

La escasez de agua, el cambio climático, la deforestación y la explotación indiscriminada de los recursos naturales, son asuntos de interés nacional y una de los prioridades que debieran atenderse con sumo cuidado y con eficacia.

Afectan a millones de personas en el país, y enfrentan a varias regiones a una serie de retos para los que aún no se descifra la formula adecuada para resolverlos.

En ese contexto, las universidades e instituciones de educación superior tienen una agenda sustentable que, al parecer, no ha sido bien enfocada y en la que no han sido atentidas del todo estas problemáticas.

Y es que el medio ambiente y la educación superior, como plantean varios especialistas, no han estado lo suficientemente vinculadas y los esfuerzos son aislados, aunque en muchos de los casos efectivos para las zonas o áreas a las que están enfocados.

Sin embargo, dicen, se requiere un mayor compromiso de parte de las comunidades académicas, de los grupos de científicos que desarrollan su quehacer en el seno de las universidades.

El compromiso social de las instituciones queda a deber si éstas no se plantean entre sus prioridades la solución de los problemas ambientales que afectan e interactúan con los ecosistemas.

Se trata, dicen, de entender que el miedo ambiente es un asunto que atañe a todos, y en ello deben hacer hincapié los programas de estudios y las áreas de investigación.

Una formación ambiental más sólida que haga entender a alumnos, docentes e investigadores, que México es uno de los países más vulnerables al cambio climático y que en ello deben trabajar las universidades del país.

No sólo aquellas que se encuentran ubicadas en la zonas costeras, los litorales o cerca de los ecosistemas más importantes. La agenda ambiental es una responsabilidad a la que le ha faltado mayor puntualidad y eficacia.

Fortalecer la formación

Para Miriam Sahagún Arcila, coordinadora del Programa Ambiental Institucional “Yum Kaax”, de la Universidad Autónoma de Campeche (UACam), la educación para la sustentabilidad debe ser un eje fundamental para la promoción de una ética ambiental.

Que se fomente una cultura de respeto a la naturaleza, capacitación y formación ambiental, necesarias para revertir y prevenir el deterioro de los recursos naturales.

Y aunque, comenta la investigadora, las instituciones de educación superior del país se han abocado a la tarea de integrar en sus funciones sustantivas y administrativas, la dimensión ambiental con carácter prioritario, el camino es aún complicado.

Se requiere, dice, “formar tanto cuadros profesionales que respondan a los retos ambientales, como también ciudadanos más conscientes hacia su medio natural”.

La también directora del Centro de Estudios en Desarrollo Sustentable y Aprovechamiento de la Vida Silvestre (CEDESU), de la UACam, la conciencia y sensibilización que deben reforzar las universidades del país pasa por el ahorro de la energía, el agua, el manejo, reciclaje y disminución de los residuos sólidos y la situación del cambio climático.

“Es fundamental enseñar a la población estudiantil cómo sumarse a acciones que ayuden a detener ó minimizar el cambio climático global que se está viviendo, y las modalidades en que pueden participar, para mitigarlo”, apunta Sahagún Arcila.

Porque el asunto no es poca cosa, comenta Valentina Davydova Belitskaya, investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

México está entre los países con mayor vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático.

“El 15 por ciento de su territorio, el 68.2 por ciento de su población, el 71 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) se encuentran altamente expuestos al riesgo de impactos adversos relacionados con el cambio climático”, explica.

Y es que, aclara, el cambio climático no nació hoy. Se trata del efecto de una serie de acciones que datan de hace varias décadas.

“Se tuvieron que emitir gases de efecto invernadero durante los últimos 120 o 140 años para cambiar el régimen de temperatura, de tal manera que ahora estamos observando un incremento de forma paulatina pero contante”; dice.

Por eso, añade, las universidades deben ser canal y respuesta a todos estos problemas. En ellas se deben analizar, enfrentar y proponer una serie de soluciones que hagan frente a esta problemática.

“La temperatura seguirá incrementándose a consecuencia de los gases de efecto invernadero, no nos queda otra que adaptarnos a los cambios climáticos; las acciones de mitigación se vuelven necesarias, ahí es dónde debemos reflexionar sobre lo que están haciendo las universidades”, apunta.

Es momento, plantea, de impulsar y dar continuidad a los proyectos, a modelos regionales de prevención y adaptación al cambio climático, que contribuyan a la disminución de la vulnerabilidad del sector agropecuario y de recursos hídricos.

Es responsabilidad, comenta, de las universidades presentar alternativas para mejorar la capacidad de respuesta ante los riesgos que trae consigo el cambio climático.

El compromiso universitario

En esta visión de crear mayor compromiso, uno de los ejes para impulsar la agenda ambiental de las universidades, son los docentes. Son ellos quienes deben fomentar los proyectos y acciones encaminadas a la protección y el mejoramiento del medio ambiente en el contexto universityario y local.

Así lo plantea Sara Gricelda Martínez Covarrubias, titular de la Dirección General de Desarrollo Docente y Directora de la Academia Institucional de Educación Ambiental (AINEA) de la Universidad de Colima (UCol).

La investigadora precisa que desde la academia se debe promover la formación y capacitación, así como la generación, ejecución y difusión del conocimiento, experiencias y proyectos en materia de educación ambiental que fomenten el desarrollo individual y comunitario.

Es decir, difundir y promover “experiencias ecológicas a la sociedad en general, con miras a promover el cambio en favor de la conservación y mejora ambiental”.

Para ello, comenta, se debe trabajar en áreas de incorporación curricular, difusión y comunicación, formación y capacitación, gestión institucional, vinculación social y desarrollo de proyectos.
“Y aquí la universidad, como gestora de cambios, debe ser promotora de políticas medioambientalistas en la sociedad, de lo contrario, no estamos poniendo la atención suficiente en la cuestión ambiental, a pesar de que así se requiere”, considera Martínez Covarrubias.

Porque si bien en las universidades se trabaja en las bases del desarrollo sostenible, porque se ha entendido la necesidad de satisfacer los requerimientos de la población sin comprometer el medio ambiente, la pertinencia de las investigaciones no ha sido del todo efectiva.

“Esto nos ha llevado a entender que no puede haber un desarrollo de la ciencia y la tecnología, sin una posición de respeto al planeta, sin que se discutan las distintas visiones de los problemas actuales en torno al medio ambiente”, apunta.

Aunque eso sí, agrega, estos temas no se deben quedar únicamente en los niveles superiores de la educación, en los investigadores o en los funcionarios de gobierno, “sino que toda la comunidad pueda participar en el cuidado del medio ambiente”.

Por su parte, , Lilia María Gama Campillo, investigadora de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) y encargada de “Plan de acción ante el cambio climático para el estado de Tabasco”, las instituciones deben agruparse para entender los fenómenos naturales y sus posibles consecuencias, así como para implementar estrategias inteligentes que mitiguen sus efectos.

“Aunque parezca ilógico ahora, nuestro estado es bondadoso porque tenemos agua; en un futuro habrá quienes codiciarán habitar zonas como la nuestra porque es más catastrófico vivir sin agua que adaptarse a las condiciones teniendo mejores viviendas, construyendo en zonas no inundables y creando políticas públicas adecuadas”, comenta.

Por eso la importancia de que las universidades e instituciones de educación superior entren de lleno en la agenda ambiental. Que sean ellas quienes la impongan y la propongan de principio a fin, señala la profesora investigadora de la División Académica de Ciencias Biológicas (DACBiol) de la UJAT.

“El cambio climático afecta a todo el planeta, no es exclusivo de Tabasco, ni de cualquier región, y aunque todavía no contamos con la tecnología de otros países, estamos trabajando para adoptar las medidas apropiadas”, dice.

Como parte de esa estrategia, propone, las universidades deben enriquecerse, compartir experiencia y trabajar con grupos interinstitcuionales que logren una mayor eficacia.
Gama Campillo apunta que no se trata de iniciar de cero, sino de sustentar todos los esfuerzos en importantes investigaciones que se han llevado a cabo y que dan testimonio de la situación en las diferentes regiones del país.

Alternativas y opciones

En ese contexto, la educación superior puede hacer mucho en torno a los efectos dañinos en el medio ambiente. No debe soslayarse que ahí deben surgir y analizarse las propuestas educativas para contribuir a la adapactación y mitigación del problema.

Así de claro es para Dalila Gómez Cabrera, profesora-investigadora del Departamento Académico de Economía de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS).

“No debemos perder de vista que en las universidades donde debe darse esa reflexión profunda sobre la relación hombre-naturaleza y la actuación individual y colectiva relativa al cambio climático, y es ahí donde deben surgir las alternativas”, comenta.

En tanto, Alfredo Ávila Galarza, profesor investigador del Centro de Investigación y Estudios de Posgrado en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), señala que el cambio climático debe ser una prioridad de las instituciones de eeucación superior.

Más que por la responsabilidad social que ello conlleva, por la gravedad del problema y los efectos negativos que tendrá para los diferentes sectores económicos del país, en detrimento de millones de habitantes.

“Las investigaciones se han enfocado a hablar del impacto que el hombre suma a este fenómeno natural, las más importantes se atribuyen a la situación del efecto invernadero, emisiones de bióxido de carbono y de metano, además de óxido nitroso, de las principales que contribuyen a la situación de este efecto, pero el asunto no acaba ahí”, considera.

Para Tomas Hernández Tejeda, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), se debe apostar a una cultura ambiental a nivel nacional e internacional.

Si bien el cambio climático puede ser severo y traer consigo algunos problemas para el medio ambiente y el hombre, existen opciones que deben ser impulsadas y generadas también por las instituciones de educación superior.

En eso coincide , Fabián Enriquez García, investigador de la Facultad de Agrohidráulica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Si no hay una adecuada percepción de la gravedad d elos daños al medio ambiente, entonces las instituciones no están haciendo lo suyo en materia de prevención y formación.

“Necesitamos entonces una mayor formación en temas como cambio climático, agronegocios, lucha contra el hambre, la sostenibilidad, innovaciones y estrategias alternativas para el sector agroforestal”, comenta.

Y si las universidades tienen comenta, grandes académicos, investigadores y expertos en muchas áreas del conocimiento, hay que impulsar las innovaciones y las tecnologías alternativas en pro de la sostenibilidad y desafíos globales como el hambre, la deforestación y los efectos del cambio climático.

“Hay que hacer que los alumnos, que los docentes, que toda la comunidad con la que interactúan las universidades volteen hacia los recursos naturales, que despierten la conciencia de cuidarlos porque de ellos depende el progreso, el desarrollo”, apunta.

Se trata, señala, de poner por delante y entre las prioridades delas instituciones de educación superior, el cuidado del sector agrícola, el suelo, el agua, los bosques, la fauna, la flora, los microclimas, los relieves.

El equilibrio ecológico, finaliza Enriquez García, de todos los ecosistemas debe tener en las universidades a uno de sus principales aliados.

 

CAMPUS MILENIO

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