Cómo puedo aportar para mejorar la sociedad.

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Primera: Mejorar nosotros como profesionales. 

Mi buen amigo Fernando Sánchez Salinero anima a todas las personas a hacer una reflexión personal cada seis meses y preguntarse: ¿qué he aprendido en este periodo? ¿soy igual que antes? ¿en qué he evolucionado? Si la respuesta es “en nada”, “sigo siendo el mismo”, tenemos un serio problema: la sociedad evoluciona y nosotros estamos parados.Nuestra capacitación está retrocediendo y con ello todas nuestras posibilidades de prosperar como personas. Por lo tanto, planteémonos avanzar al ritmo al que gira el mundo. ¡¡No se pide más!! De esta manera lograremos un pensamiento más evolucionado y más acorde con los tiempos, y dejaremos atrás razonamientos prehistóricos que en nada contribuyen a entender el presente que nos toca y únicamente nos cargan de prejuicios. ¡¡Las cosas ya nunca serán como ayer!!, asúmalo y adáptese. Evolucione.

Segunda: Enfocarse a aportar valor a los demás.

Ahora estamos descubriendo con toda crudeza a dónde nos llevó el pensamiento egoísta que nos guió en la época de bonanza. La obsesión por acaparar bienes materiales empobreció a los demás y generó burbujas cuyas consecuencias nos toca purgar. El camino no es ganarse la vida a toda cosa, sino hacer algo útil por los demás como modo de ganarse la vida. O dicho de otro modo, ganarse la vida no debe ser un fin. El fin debe ser contribuir a la mejora de los demás, a sabiendas que el agradecimiento que recibamos por parte de ellos (en modo económico muchas veces, contratando nuestros servicios o comprando nuestros productos) es lo que nos ayudará claramente a ganarnos la vida. Hágase esta pregunta: ¿en qué cosas se gasta usted el dinero? En aquellas que le aporten algo, ¿verdad? Pues aportemos nosotros algo a alguien y verá como ese alguien le pagará a usted por los servicios prestados. Ese es el camino: aporte de valor como camino para recibir ingresos y para sentirse bien con uno mismo. Una vida sin aporte de valor a nadie no sirve de nada, ni para usted ni para los demás.

Tercera: Inculque buenos valores.

Inculcar buenos valores a  aquellas personas de su entorno que sean “permeables” a los cambios, como por ejemplo, los hijos. Son el futuro y por lo tanto, si queremos un futuro mejor tenemos que actuar sobre quienes van a tener la responsabilidad de tomar decisiones cuando nosotros ya estemos “en fase de aterrizaje”.

Resumiendo: actuemos con sensatez y sentido común. La indignación puede ser positiva como vía para descargar tensiones, pero seamos conscientes que los efectos negativos suelen superar a las mejoras conseguidas: generalmente logramos poco pero dañamos mucho nuestro estado de ánimo. Utilicemos la indignación en su justa medida y no caigamos en el cabreo crónico y recurrente.

Al mismo tiempo, dediquemos buena parte de nuestro tiempo a acciones positivas para nuestro bienestar y el de quienes nos rodean: desarrollémonos como personas, aportemos valor e inculquemos buenos valores en las futuras generaciones. Aunque todas estas acciones emprendidas por uno mismo no supongan más que la cuarenta millonésima parte de nuestro país, si todos nos aplicamos a la tarea lograremos cambios importantísimos a nivel agregado. Esto sí tiene sentido y esto sí que es fortaleza mental:ignorar a quien “resta” y sumarse al carro de los que “suman”

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